Alcaraz tiene que ganar a su mente

C. de la Blanca (SPC)
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El español aún no es capaz de controlar su cabeza en duelos a 'vida o muerte', por lo que controlar ese aspecto sería un triunfo clave para él

El murciano no ha podido mostrar su nivel real en sus dos últimos partidos importantes en los Grand Slam - Foto: EDGAR SU / Reuters

A sus 20 años, Carlos Alcaraz se encuentra en ese momento decisivo que todo deportista de élite debe afrontar tras una eclosión temprana: aprender a lidiar con la presión. Pero esta situación se acrecienta y se vuelve más peligrosa en el tenis, donde los jugadores, además de batir al que está al otro lado, tienen que vencer a su cabeza.

La soledad de la pista, ahora menos al poder recibir instrucciones del equipo técnico, ha frustrado carreras que parecían meteóricas y que apuntaban a invadir un 'big three' que cuanto más tiempo pasa más inquebrantable y milagroso parece. 

Alcaraz está ahora en esa batalla. Después de dos reveses consecutivos en los últimos Grand Slam, su juventud tiene que imponerse a una mente perversa, esa que le llevó a perecer contra Daniil Medvedev en el último US Open y a encallar ante Alexander Zverev el pasado miércoles en el Abierto de Australia.

«No soy lo suficientemente maduro para manejar este tipo de partidos, así que tengo que aprender de esto», señaló el murciano al caer contra el ruso. «No sé lo que ha pasado. He cometido muchos errores que no venía haciendo en el comienzo de los partidos anteriores», explicó tras despedirse de Melbourne frente al alemán.

Dos argumentos en los que, entremedias, ha habido una evolución, aunque el resultado ha sido el mismo: la derrota. En su corta carrera, el español ya ha probado las mieles del fracaso en los Grand Slam, esas citas que desde su equipo le indican que hay que levantar dos veces de cuatro durante la temporada para llegar a lo más alto. La presión es máxima.

Y es que la calidad brota a borbotones de las manos de Alcaraz, que no tiene problema alguno en improvisar y ganar a sus rivales a base de maestría y talento natural a la hora de blandir una raqueta. Pero el tenis es mucho más, como ha demostrado durante más de 20 años un Rafa Nadal que, sin ir tan sobrado técnicamente, llegó al Olimpo a base de fortaleza de cabeza.

Ahora, el de El Palmar debe transformar esa sonrisa perpetua suya en una mueca de realidad, de saber controlar los nervios para catapultarse hacia la élite.