La esperanza de vida sigue lastrada por la pandemia

Fel i Agustín
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Hay que remontarse a 2012 para encontrar una perspectiva tan baja, 83,20 años frente a 83,83 de 2019. Resiste la natalidad y La Rioja registra igual número de nacimientos que en 2021

El saldo vegetativo riojano fue el año pasado negativo en 1.273 personas. - Foto: Óscar Solorzano

La sombra de la pandemia es alargada y, más de tres años y medio después de que asolara el mundo, sus efectos siguen presentes. En el caso de La Rioja, su presencia se hace sentir en la esperanza de vida, que se sitúa en 83,20 años, algo más baja que en 2021, cuando fue de 83,27. De hecho, hay que remontarse hasta 2012 para encontrar unas perspectivas menos optimistas, de 82,66 años, y a cierta de distancia de los 83,83 de 2019, ejercicio que alcanzó la esperanza de vida más elevada en la historia de esta comunidad. Lo que no varía es la diferencia de seis años entre hombres -80,46-, y mujeres, 86, que muestran una ligero retroceso respecto al año anterior.

Esta situación no es coincidente con la de la media nacional, donde la esperanza de vida experimentó un crecimiento hasta los 83,20 años, aunque se mantiene también por debajo de los 83,58 de 2019 y de La Rioja. De esta manera, esta comunidad es la séptima, empatada con Galicia, en este codiciado ránking, que encabeza Madrid, cuyos ciudadanos pueden esperar al nacer llegar a los 84,8 años, por delante de Navarra, 83,9, y Castilla y León, 83,7 años. Los valores más bajos se constatan en Ceuta (79,7 años), Melilla (81,6) y Andalucía (81,9).

De acuerdo a la información recogida en la estadística Movimiento Natural de la Población, que ayer publicó el INE, La Rioja, al igual que el resto de las comunidades españolas -excepto Ceuta, Melilla y Murcia-, registró un crecimiento vegetativo negativo [más defunciones que nacimientos], aunque salvó los papeles al igualar el número de nacimientos, 2.191, con respecto a los 2.192 del año anterior. Ello no esconde, no obstante, un paulatino descenso de la natalidad -fueron 2.408 en 2019- sin freno. No fueron tan positivas las tasas de mortalidad y se situaron entre las más elevadas del país -10,8 fallecimientos por cada 1.000 habitantes, frente a una media nacional, de 9,7, -Asturias, Castilla-León y Galicia superan los 13-, mientras en Melilla se quedan en el 5,7.

Estructural. Con estos datos de movimiento natural de población, La Rioja presentó un saldo negativo de 1.273 personas, una circunstancia que no  extraña al sociólogo Sergio Andrés Cabello, profesor de la Universidad de La Rioja, que reflexiona que nos encontramos ante una situación de carácter estructural. 

Recuerda que es un escenario que lleva dibujándose alrededor de dos décadas, y que «han salvado» los procesos migratorios, lo que no es óbice para que se vaya acentuado año a año.

Constata que la cifra de natalicios «ha salvado los muebles en La Rioja» -la tasa presenta un retroceso del 5,97% en Extremadura y un  6,92 en Navarra-, aunque recuerda que muestra una tendencia de descenso, similar a todas las comunidades autónomas, que han logrado paliar las mujeres de origen extranjero.

El profesor menciona también como aspecto que puede detraer la natalidad, las incertidumbres de carácter económico que han seguido a la pandemia, elementos «clave» a la hora de tomar la decisión de formar una familia.  Andrés Cabello resta importancia a la dificultad de alcanzar la esperanza de vida precovid y destaca que la sociedad española ha experimentado una considerable mejoría en la calidad de vida, que se traduce en un aumento de la población que alcanza edades más avanzadas. Destaca que el saldo vegetativo riojano es algo mejor que el de otros territorios, como Galicia o Castilla y León, y reitera que son las migraciones las que sujetan la población.

«Es estructural y habrá que aprender a convivir con ello», aconseja el experto, que alerta de los condicionamientos económicos que conducen a la población más joven a otros territorios para desarrollar su carrera profesional, lo que depara una doble situación negativa:  «menos gente en edad de tener hijos, que no los tiene aquí».

Mateo y Lucía, en cabeza.

La elección de los nombres de los bebés riojanos no dio lugar a sorpresas el año pasado y siguen siendo los clásicos los que mayoritariamente se registran en el Registro Civil.

Mateo y Lucía fueron el año pasado los nombres más frecuentes que se pusieron a los recién nacidos riojanos, que llevan 32 niños y 30 niñas. 

En el caso de los chicos Mateo releva a Martín, con el que fueron inscritos 26 chicos,  pierde el liderazgo tras dos años en cabeza, y pasa a la segunda posición, empatado con Lucas, justo por delante de Marcos, que llevan 25 pequeños, y Leo, con 21. Cierran los 10 primeros lugares Hugo, Pablo, Daniel, Adrián y Enzo;salen del listad o Mario y Lucas.

Por lo que respecta a las chicas,Lucia sigue por segundo año consecutivo siendo el nombre más habitual, con 30, aunque destaca el avance de Valeria que fue la elección de 28 padres y madres para sus hijas.Un total de 27 llevan por nombre Sofía, que retrocede un lugar respecto al año 2021 y dos desde 2020, cuando fue el más escogido. Martina, Alba, Enma, Julia, Carla, Victoria y Noa completan el decálogo, que este año abandonan Carmen y Sara.

En nuestro país, la tónica es coincidente y fueron Martín, Mateo y Hugo los más habituales entre los niños y Lucia, Sofía y Martina entre las nenas.