«Quería ser madre y libre, y no necesitaba a nadie»

Mónica Burgos
-

Nazaret, junto con su hija Meredith, forman una familia monoparental, un deseo que siempre tuvo claro y para el que se enfrentó a aquellos que trataron de disuadirla. Ahora, afronta feliz los retos de criar a su hija por ella misma

Nazaret junto a su hija Meredith - Foto: Ingrid

Quería ser madre y libre, y tenía claro que no necesitaba a nacie para serlo». Nazaret tiene 42 años, se divorció con 35, y fue entonces cuando tuvo claro que quería ser madre por ella misma, y cuando, a pesar de tenerlo todo y a todos en contra, nada la detuvo de conseguir lo que tanto deseaba. 

Tras tomar la decisión decidió acudir al Hospital de Calahorra, dónde la atención recibida fue la que menos se hubiese imaginado. «Me encontré con una ginecóloga que me dijo que ese servicio no era 'ni para lesbianas, ni gays, ni gente como tú', me trataron fatal».

Fue en la clínica de una amiga en San Sebastián dónde finalmente llevó a cabo el proceso y, después de tres intentos y seis mil euros invertidos, finalmente se quedaría embarazada en el 2017. 

Sin embargo, el camino no fue fácil. «Lo más difícil fue el pelear con todo el mundo que me decía que no lo hiciese, que esperase, que ya encontraría a alguien, y yo les decía que no necesitaba a nadie para ser madre y tener a mi hija». 

Su hija Meredith tiene ya siete años, y vive feliz siendo plenamente consciente de quién es su familia, a pesar de las preguntas que surgen especialmente en el entorno escolar. «Los niños en el colegio sí que le han preguntado que por qué no tiene papá, y ella siempre ha contestado: 'porque no tengo papá y punto'».  

El apoyo de los compañeros del colegio ha sido para ella fundamental de cara a poder conciliar su trabajo como autónoma en su propia peluquería y centro de tatuajes, con la crianza de su hija. «Es un poco duro pero me organizo bien, también le llevo a muchas extraescolares para que pueda aprender cosas diferentes».

A pesar de las dificultades y retos, especialmente, destaca, económicos, su motor y mayor recompensa para seguir hacia delante, «es cada vez que me ve y viene corriendo a darme un abrazo, o que me diga te quiero» y es que el amor familiar, no entiende de cantidad.