La producción de colza cae más de un tercio después de 2022

SPC
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También se reduce la superficie cultivada y el precio percibido por el agricultor en origen. Se trata de un cultivo delicado frente al clima

La producción de colza cae más de un tercio después de 2022

Los últimos datos para la cosecha 2023 de la colza proyectan una caída del 34,6 % en la producción en comparación con la pasada campaña (2022), cuando su precio en origen experimentó un impulso al convertirse en una alternativa al aceite de girasol, que sufrió distorsiones por la guerra en Ucrania. Según los datos del Ministerio de Agricultura, la producción en la campaña 2023 se quedará en 174.700 toneladas. Su destino será principalmente la exportación, según los expertos, pues en España el mercado sigue penalizando el suceso que tuvo lugar en 1981, cuando miles de personas sufrieron un envenenamiento masivo a consecuencia de la intoxicación derivada del consumo de aceite de colza adulterado con anilina.

El último boletín estadístico del Ministerio de Agricultura detalla que la producción de la campaña de este año representa un descenso del 14,2 % en relación con la media de la serie histórica. En comparación, la producción en 2022 alcanzó las 267.200 toneladas, un 47,6 % más que la media de las últimas cinco campañas.

En lo que respecta a la superficie, los datos oficiales arrojan una extensión sembrada para 2023 de 108.200 hectáreas, un 13,6% menos que en 2022, año en el que experimentó un crecimiento del 35,87%, hasta las 125.200 hectáreas. Además de la producción y la superficie, también han caído los precios este año, que se han situado en torno a los 370 euros por tonelada, explica el técnico de herbáceos de la organización agraria COAG José Manuel Cortés. «Eso desmotiva mucho al agricultor a continuar», apunta Cortés, quien añade que, además, la colza es un «cultivo difícil» en el que los condicionantes climáticos influyen mucho. En la campaña 2022 el precio en origen de la cosecha de colza comenzó a subir y llegó incluso a superar los 1.000 euros por tonelada como una alternativa al de girasol a raíz del estallido de la guerra en Ucrania, que detuvo la actividad en las refinerías ucranianas.